Atrapada en el Subterráneo

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    Eker Goku
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    Atrapada en el Subterráneo

    Mensaje por Eker Goku el Vie Jun 08, 2012 9:29 pm



    Paula había bebido mas de la cuenta por
    lo que aquella noche regresaría temprano a casa, se sentía bastante mal y
    muy mareada pero como era relativamente temprano decidió que en lugar
    de gastarse su dinero en un taxi, como hacía habitualmente cuando
    regresaba de la discoteca, aprovecharía que el Metro aún seguía abierto
    para ahorrarse unos cuantos euros.

    El trayecto era largo y las pocas personas que viajaban en su vagón
    parecían tan cansadas como ella, sólo un grupo de amigos que bromeaban
    al fondo del tren hacían el suficiente ruido con sus bromas y risas para
    mantenerla despierta, pero cada vez tenía que luchar con más fuerza
    para no quedarse dormida. Por desgracia en la siguiente estación tenía
    que hacer un transbordo así que se bajó y tras caminar por los pasillos
    de la estación llegó al andén en el que abordaría el metro que la
    llevaría a casa.

    El cartel luminoso avisaba que el próximo tren tardaría seis minutos
    en llegar, por lo que Paula decidió esperar sentada en uno de los bancos
    junto al andén. El silencio y la soledad de esa estación provocaron lo
    inevitable y a pesar de sus esfuerzos se durmió y casi sin darse cuenta
    se recostó en el banco usándolo como si fuera una cama. Era tan profundo
    su sueño provocado por la borrachera que cuando pasó el último metro de
    la noche ni siquiera lo sintió pasar.

    Hasta pasada más de una hora no se
    despertó, por suerte la borrachera parecía haberse esfumado parcialmente
    tras la cabezadita, pero algo parecía no ir bien. El cartel que avisaba
    la llegada del próximo tren estaba apagado y al mirar la hora en su
    teléfono móvil se dio cuenta que eran casi las dos de la mañana.

    Asustada empezó a subir las escaleras mecánicas de la estación, que
    ya estaban apagadas, para salir de allí. La parada en la que tenía que
    hacer trasbordo era una de las más antiguas, viejas y pequeñas de la
    ciudad por lo que la sensación de agobio y miedo eran mucho más
    intensas. Al llegar a la salida la peor de sus pesadillas se hizo
    realidad. Las puertas estaban cerradas y no había nadie en la estación
    por lo que por más que gritara nadie podría escucharla desde la calle.
    Además su teléfono estaba sin cobertura, esas malditas estaciones casi
    nunca tenían señal y las puertas de cristal herméticamente cerradas la
    separaban del exterior aún por unos cuentos metros.

    Paula no sabía que hacer, miraba a las cámaras de seguridad y hacía
    gestos esperando que alguien desde algún puesto de control pudiera
    verla, pero ella misma sabía que eso era imposible, no había nadie
    controlando las cámaras porque la estación había sido cerrada desde
    fuera.

    ¿Cómo era posible que nadie la despertara? ¿No tenían los guardias de
    seguridad que comprobar que nadie quedara dentro de la estación antes
    de cerrar?

    Su miedo se convertía por momentos en cólera y confusión. Desde luego
    no podía esperar hasta que a la mañana siguiente abrieran de nuevo el
    Metro, faltaban más de cuatro horas para que se reiniciara el servicio y
    si llegaba a casa a las 7 de la mañana su padre probablemente la
    mataría.

    Con la mente aún nublada por el alcohol decidió que lo mejor que
    podía hacer era caminar por los raíles del tren hasta la siguiente
    parada. El camino era oscuro y realmente tétrico pero sabía que su
    destino no estaba muy lejos y gracias a la luz del flash de su teléfono
    podría alumbrar el camino. La siguiente estación era una de las más
    importantes, con gran cantidad de líneas y recientemente había sido
    remodelada por lo que estaba segura que allí podría encontrar a alguien
    que la permitiera salir a la calle donde abordaría un taxi.

    La idea parecía muy buena, pero a la
    hora de la verdad recorrer aquellos túneles era realmente escalofriante,
    un silencio casi sepulcral hacía que hasta la más leve de sus pisadas
    resonaran con el eco de las paredes. Se podían escuchar los chirridos de
    las ratas y el goteo de algunas zonas en las que parecía que había
    leves escapes de agua.

    Sus pasos eran cortos y se detenía a menudo a escuchar porque sentía
    como si alguien la observara desde la oscuridad. El miedo la invadía y
    paralizaba por momentos, pero ya era demasiado tarde para volverse
    atrás, debía estar casi a mitad de camino cuando unas voces la
    alertaron. Por un momento pensó en gritar para que supieran que estaba
    allí pero decidió ser cauta y apagar la luz de su teléfono mientras se
    escondía en un estrecho pasillo que había en un lateral del túnel.

    Mientras permanecía escondida y en silencio pudo ver la figura de dos
    hombres bastante corpulentos, sus ojos cada vez se adaptaban más a la
    escasa iluminación de las luces de emergencia que había cada muchos
    metros en el túnel. Ambos parecían discutir acaloradamente por un cartón
    de vino y a escasos metros de donde se encontraba Paula comenzaron los
    empujones y golpes. El más grande de ellos le propinó un puñetazo que
    tumbó al otro y gloriosamente alzó su trofeo mientras de un trago se
    bebía casi la mitad del contenido del cartón de vino.

    El más pequeño enfurecido sacó un cuchillo de la espalda y se lo
    clavó repetidamente en el cuello a su rival, realmente se ensañó con su
    cadáver y a pesar de la poca luz Paula pudo ver con claridad como tenía
    toda la cara manchada de sangre. Recogió el poco vino que quedaba y se
    lo tomó de un trago.

    Paula estaba temblando del miedo, no se
    atrevía ni a respirar y desde luego mucho menos a moverse, si estaba lo
    suficientemente quieta tal vez el vagabundo asesino se iría de allí sin
    verla. Pero la casualidad no se quiso aliar con ella y justo cuando el
    asesino se daba la vuelta para marcharse del lugar la batería de su
    teléfono la delató. Un incesante pitido advirtiendo que la carga estaba a
    punto de agotarse comenzó a sonar y el vagabundo se giró de inmediato.

    ¿Hay alguien ahí? Puedo escucharte, ¡Sal inmediatamente o te rajo!

    La pobre chica se quedó petrificada y no sabía como actuar mientras
    el asesino se acercaba a ella. Por instinto decidió tirarle el teléfono
    con tan mala puntería que este pasó por encima del vagabundo y golpeó la
    pared del fondo. Él, que todavía no había visto a la chica, escuchó un
    ruido a sus espalda y se giró, momento que aprovechó Paula para salir de
    la oscuridad y empujarle a la vez que salía corriendo.

    El vagabundo enfureció de tal manera que
    no dejaba de gritar e insultar a Paula, se levantó y comenzó a
    perseguirla por los túneles. Ella no era una buena deportista pero el
    miedo se apoderó de sus piernas y le dio fuerza para correr dejando
    atrás los zapatos de medio tacón que llevaba aquella noche, sus pies se
    ensangrentaron mientras corría sobre la gravilla y guijarros del suelo
    de túnel. Sin embargo el miedo era más fuerte que el dolor y no se
    detuvo a pesar de que en varias ocasiones estuvo a punto de caerse al
    tropezar por culpa de la casi total oscuridad de su ruta de huída.

    Al llegar a la estación Paula ya había logrado sacar unos cuantos
    metros a su perseguidor y subió al andén para adentrarse en los pasillos
    que la llevaban a la salida del Metro. A sus piernas empezaban a
    fallarle las fuerzas pero no se podía parar a descansar así que casi
    extenuada subió el último tramo de escaleras.

    Lo que vio allí la heló la sangre, la estación estaba al igual que la
    anterior cerrada y no parecía haber nadie, comenzó a gritar
    desesperada, a gesticular a las cámaras y golpear las puertas. Pero su
    perseguidor que conocía a la perfección los horarios y hábitos de los
    trabajadores del metro ya había subido la escalera y la había cortado
    toda posible ruta de escape.

    El asesino se abalanzó sobre ella y tras
    inmovilizarla la violó y sometió durante más de una hora. Cuando había
    saciado todos sus apetitos sexuales sacó de nuevo el oxidado y
    ensangrentado cuchillo con el que había matado al otro vagabundo y se lo
    hundió repetidamente en el pecho hasta que Paula dejó de patalear y
    murió con una horrible expresión de terror en su rostro.

    Al día siguiente los trabajadores se
    encontraron con un surco de sangre que se perdía en la profundidad del
    túnel, asustados deciden revisar las cintas de vídeo que grabaron esa
    noche y pudieron observar la desgarradora escena de la violación y
    asesinato y como el vagabundo arrastraba el cuerpo de Paula dejándolo
    caer escaleras abajo para de nuevo arrastrarlo hasta la oscuridad de las
    vías del tren.

    La policía localizó los dos cuerpos pero no encontraron ni rastro del
    asesino, del cual se dice que todavía utiliza los túneles del
    subterráneo para esconderse de noche.










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    Spoiler:

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    Grasias: Hygy



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    Re: Atrapada en el Subterráneo

    Mensaje por Slash el Mar Feb 05, 2013 10:10 am

    Todo lo que pasa por briaga XD

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